jueves, 17 de julio de 2008
Aprender es aprender a hablar.
Se presenta una visión alternativa de aprendizaje, según la cual el aprender sobre una materia nueva es aprender una nueva forma de hablar sobre los aspectos del mundo implicados en aquella materia.
Carlos Cornejo es Psicólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Doctor en Psicología, Universidad de Colonia, Alemania
Las TICs y la desigualdad educativa en América Latina
Incorporar a la discusión sobre las nuevas tecnologías de la información la dimensión de la desigualdad social y educativa implica asumir una serie de supuestos, el primero de los cuales es que una de las tendencias más fuertes de la sociedad del conocimiento, de la nueva economía o del nuevo capitalismo, es el aumento de las desigualdades, acompañado por tendencias igualmente fuertes a la segmentación espacial y a la fragmentación cultural de la población.
Este aumento de la desigualdad y de la fragmentación está asociado a una serie de rasgos del modelo de desarrollo, entre los cuales se destaca la creciente disociación entre crecimiento económico y eliminación de la pobreza por un lado y las tendencias a la concentración del ingreso por el otro. Para ejemplificar esta disociación puede verse lo que ha sucedido entre crecimiento económico y mercado de trabajo.
En la década de los ’90 se incorporaron 32 millones de personas a la PEA urbana y sólo 9.1 millones consiguieron empleos formales. Los 20 millones restantes obtuvieron puestos de trabajo del sector informal, con muy bajos ingresos. Los más afectados por la desocupación son las mujeres, los jóvenes y los pobres.
Con respecto a la desigualdad, los datos también muestran una tendencia a la concentración del ingreso. Según datos procesados por el PNUD, el coeficiente de Gini para el conjunto de los países de la región creció entre 1990 y 2003 del 0.554 al 0.566, mientras que el promedio mundial es de 0.381.
La literatura sobre las dimensiones, magnitudes y causas del aumento de la desigualdad y de las nuevas características que asume en el marco del nuevo capitalismo es abundante y no es este el lugar para referirse a ella. Sólo quisiéramos sostener, como punto de partida de la reflexión sobre la educación, las nuevas tecnologías y la desigualdad, que no estamos frente a una cuestión secundaria y que en un contexto de este tipo no alcanza con un enfoque basado exclusivamente en paradigmas científicos o técnicos. Necesitamos ampliar la mirada e introducir la dimensión ética que nos permita justificar porqué y para qué deseamos construir socialmente una situación donde todos tengan las mismas oportunidades.
La nueva economía, o la economía del conocimiento, ha modificado las bases sobre las cuales se asentaban tradicionalmente el Estado de Bienestar, las posibilidades de movilidad social y las distinciones entre las diferentes categorías sociales1. Una de las 1 La bibliografía sobre la sociedad del conocimiento y las nuevas desigualdades es muy amplia.
Entre otros, pueden verse R. Castel. Metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Buenos Aires, Paidos, 1997. D. Cohen. Riqueza del mundo, pobreza de las naciones.
claves de estos nuevos procesos es el acceso a la educación y al conocimiento. Los trabajadores no calificados y las personas sin competencias para el aprendizaje a lo largo de toda la vida no tendrán posibilidades de obtener empleos decentes. Los cambios en la organización del trabajo y en las demandas de calificaciones explican en gran medida la tendencia al aumento de la desigualdad. Dicha tendencia se expresa con mayor intensidad en los países con mayores niveles de desregulación de sus mercados de trabajo y de sus políticas sociales. No es casual por ello que también sea en esos contextos donde se producen los argumentos más claramente orientados a justificar la desigualdad social como un fenómeno natural y legítimo.
Sin embargo, sería utópico pensar que un modelo de exclusión y de desigualdad como el que prefiguran estos análisis pueda ser sostenido en el tiempo sin altos niveles de conflictividad y de crítica por parte no sólo de los excluidos sino de sectores de población incluida, pero dotada de un fuerte sentido de responsabilidad social. En una reflexión relativamente reciente, Lester Thurow llevó este razonamiento de la sustentabilidad al límite de sus posibilidades. Refiriéndose a EEUU como el modelo dominante de desarrollo de la economía y la sociedad del conocimiento, Thurow mostró cómo la dinámica económica permitirá que una parte de la fuerza de trabajo, con las habilidades necesarias para integrarse a la nueva economía, participará de los beneficios del crecimiento económico, dejando atrás y afuera al resto de la fuerza de trabajo.
El problema no es que este modelo no logre funcionar sino que, al contrario, puede hacerlo. "Los problemas con el modelo de desarrollo económico de enclave no son económicos. Podría funcionar para los norteamericanos capacitados tal como funciona para los ingenieros de software en Bangalur, en India. Los problemas ni siquiera son realmente políticos. India es un ejemplo de que en los países pueden coexistir grandes desigualdades internas durante largos periodos de tiempo sin que estallen políticamente.
Los problemas son básicamente morales. ¿Vive uno en una buena sociedad si esa sociedad permite de manera consciente que una gran parte de sus ciudadanos se vaya del primer mundo y se convierta efectivamente en trabajadores que ganan salarios del tercer mundo?"3. Esta pregunta, que Thurow reduce al ámbito nacional de los EEUU, debe ser entendida a nivel planetario. ¿Podemos aceptar vivir en un mundo que deje afuera un porcentaje muy importante de la población?. Este es el dilema. Sólo si no aceptamos esta situación es que tiene sentido explorar las alternativas técnicamente más eficaces para lograr el objetivo ético-político de una sociedad justa.
La paradoja de la Sociedad del Conocimiento.
¿Qué es SophiaBank?
Somos una sociedad prácticamente sin ánimo de lucro, dedicada a proporcionar a las empresas el capital intelectual y las conexiones necesarias para desarrollarse en un entorno de innovación constante. Sophia significa conocimiento tácito, no tangible, sentimiento, imaginación, creatividad... Valores que no pueden expresarse en un texto. Estamos entrando en una nueva era, la de la sociedad del conocimiento. Pero aquí encontramos una paradoja: en la sociedad del conocimiento, el conocimiento perderá valor. Hace 10 años era muy valorada una persona con un gran conocimiento, pero hoy en día con un simple clic accedemos a todo el conocimiento del mundo. Esto es una realidad.
¿Hacia dónde vamos entonces?
Lo importante no es el conocimiento, sino la sabiduría, algo que no puede definirse en un papel.
¿Está cambiando el concepto de lo que entendemos por innovación?
La revolución de la web 2.0 ha creado un nuevo mundo: el de la sabiduría colectiva. Si formulas una pregunta en una comunidad, las respuestas que se obtienen pueden llegar a ser mucho más valiosas que la de un experto. Esto está pasando hoy en día. Antes, la innovación sólo se obtenía de los genios, de las personas capaces de ver más allá de un problema. Hoy, éstos siguen existiendo, pero tenemos que incentivar la sabiduría de las comunidades de personas, en otras palabras, la inteligencia colectiva. Internet es una herramienta perfecta para recopilar y compartir esa sabiduría. Habrá que aprender a gestionar la inteligencia colectiva, y llegar a una nueva definición del concepto de innovación.
¿Están preparadas las empresas para este cambio de chip?
No creo que las empresas estén preparadas para gestionar el conocimiento y la sabiduría de los empleados junto con los de otras empresas. Hay que ir hacia consorcios para compartir el conocimiento y crear nuevos productos y servicios. Hay que permitir a los consumidores, los clientes y los proveedores que intervengan en el proceso de innovación. Esto ya lo predijo Albin Tofler hace 20 años: vamos hacia el prosumer (producer [productor] + consumer [consumidor]).
Las compañías deberían ser capaces de crear sus propios ecosistemas para fomentar esta relación. En general, nuestras empresas están todavía ancladas en el sistema antiguo.
¿Qué va a pasar con la entrada en el mercado laboral de nuevas generaciones, con una cultura basada en la satisfacción inmediata y la participación en la toma de decisiones?
No podemos gestionar la cultura. Lo que hay que gestionar es el ego de unos y otros: hay que superar la mentalidad de «no pretendas enseñarme algo nuevo porque tengo muchos años de experiencia en el oficio»; hay que escuchar a la gente joven, aunque todavía no hayan acumulado experiencia o sabiduría. Todo queda en un problema de gestión del ego. La respuesta es convertir a la propia empresa en un ecosistema, plano y abierto, en el que fluya el conocimiento en muchos sentidos, en el que la frontera entre el empleado y el cliente sea difícil de percibir. En un sistema jerárquico, el ego acaba matando las ideas de los demás.
Pero la mayoría de las empresas tienen una estructura jerárquica bien definida. ¿Por dónde empezamos a crear ese ecosistema?
Internet es una herramienta muy útil para empezar a crear espacios de intercambio de ideas. Los blogs, los social networking services, son sistemas de comunicación muy prácticos. Van a sustituir a las intranets, y se convertirán en la nueva palabra clave de las empresas. Yo les recomendaría que empiecen por ahí: blogs atractivos, que llamen a la gente a aportar sus ideas y a contribuir con sus comentarios.
¿En este nuevo contexto, cambiará el concepto de capitalismo, tal como hoy lo conocemos?
El capitalismo se convertirá en capitalismo del conocimiento. Hasta ahora el capitalismo representaba sólo la gestión del dinero. Pero ahora es mucho más importante cómo gestionamos el conocimiento, ya que se trata de un capital que se reproduce por sí solo. Si yo soy experto en algo y lo comparto con otros, estoy aumentando el valor de mi conocimiento, pero yo no dejo de tener ese bien. Además, se creará una buena reputación en torno a mí, y eso es el brand capital o trust capital (capital de marca y de confianza). Así que si llevamos a cabo una buena gestión del capital del conocimiento, irá incrementando exponencialmente, pero no será algo tangible, cuantificable, como el dinero. Tendremos que ser lo suficientemente sabios para valorar esos intangibles. La revolución de la web 2.0 recuperará valores que el capitalismo más puro había dejado atrás, como la personalidad, la humanidad, la simpatía o la compasión.
¿Lo está diciendo en serio?
No estoy contando ningún cuento de hadas! Es una realidad. La web 2.0 nos ha traído una economía colectiva. En una comunidad virtual alguien pide consejo y cientos de personas están dispuestas a dárselo, sin pedir nada a cambio. Es algo voluntario, de buena voluntad. ¿Qué tipo de persona será el líder de esa comunidad? Piense en Linus Torvald -el creador de Linux. Es una historia de éxito de una gran comunidad de personas de todo el mundo, que ha acabado haciendo sombra al gigante Microsoft. Creo que en la revolución web 2.0 veremos muchos casos de éxito como éste. Y eso lo deberían entender muy bien las empresas y los profesionales.
Algunas de las cosas interesantes que nos cuenta son:
“La sociedad del conocimiento es aquella en que el conocimiento deja de tener valor”. Actualmente saber muchas cosas no tiene demasiado valor, ya que mediante un ordenador o un teléfono cualquiera puede acceder a muchos conocimientos. “Lo importante no es el conocimiento, sino la sabiduría. Aquello que no se puede describir en un texto”.
Sobre el choque entre cultura innovadora y conservadora en el seno de una empresa, Hiroshi Tasaka dice que es algo imposible de gestionar porque la cultura no es gestionable. Es un problema de egos entre alguien que considera que tiene mucha experiencia y alguien que considera que es tiempo de cambios. La solución sería cambiar la estructura de la empresa y orientarse más hacia un ecosistema empresarial. En lugar de empresas basadas en jerarquías, organizaciones horizontales y abiertas.
Para conseguir este cambio de cultura la palabra clave hace diez años era “Intranet”, pero ahora la clave son los servicios de redes sociales y de blogs dentro de las empresas. Su implantación cambiará las empresas hacia estructuras más abiertas, y lo hará de una manera natural, sin forzar la situación.
“El capitalismo se convertirá en capitalismo del conocimiento”. Hasta ahora era gestión del dinero, pero ahora lo relevante será la gestión del conocimiento, ya que éste es un capital que se reproduce por si sólo. El dinero es un juego de suma cero. Si comparto contigo mi dinero yo tengo menos dinero, pero si comparto el conocimiento yo no pierdo el mio. Y esto cambia todas las estrategias. El actual capitalismo sólo es capaz de ver lo visible, el dinero, pero el conocimiento es invisible y lo importante es saber verlo. Necesitamos sabiduría para reconocer esos valores invisibles.
El capitalismo cambiará drásticamente a partir de la revolución 2.0, ya que nos aporta herramientas para gestionar el capital intelectual.
Lo importante no es el conocimiento. Es la sabiduría.
Extraído de http://www.infonomia.com/if/articulo.php?id=111&if=54
Sociedad de la información / Sociedad del conocimiento
¿Vivimos en una época de cambios o un cambio de época? ¿Cómo caracterizar a las profundas transformaciones que vienen con la acelerada introducción en la sociedad de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC)? ¿Se trata de una nueva etapa de la sociedad industrial o estamos entrando en una nueva era? “Aldea global”, “era tecnotrónica”, “sociedad postindustrial”, “era -o sociedad- de la información” y “sociedad del conocimiento” son algunos de los términos que se han acuñado en el intento por identificar y entender el alcance de estos cambios. Pero mientras el debate prosigue en el ámbito teórico, la realidad corre por delante y los medios de comunicación eligen los nombres que hemos de usar
Cualquier término que usemos, en el fondo, es un atajo que nos permite hacer referencia a un fenómeno -actual o futuro-, sin tener que describirlo cada vez; pero el término escogido no define, de por sí, un contenido. El contenido emerge de los usos en un contexto social dado, que a su vez influyen en las percepciones y expectativas ya que cada término lleva consigo un pasado y un sentido (o sentidos), con su respectivo bagaje ideológico. Era de esperarse, entonces, que cualquier término que se quiera emplear para designar la sociedad en la que vivimos, o a la cual aspiramos, sea objeto de una disputa de sentidos, tras la que se enfrentan diferentes proyectos de sociedad
En el marcode la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información -CMSI-, hay dos términos que han ¬ocupado el escenario: sociedad de la información y sociedad del conocimiento, con sus respectivas variantes. Pero, si bien el marco impuso el uso del primero, desde un inicio provocó disconformidad y ningún término ha logrado un consenso.
Historia de los términos
Sociedad de la información
En la última década, la expresión “sociedad de la información” se ha consagrado sin lugar a dudas como el término hegemónico, no necesariamente porque exprese una claridad teórica, sino por el bautizo que recibió en las políticas oficiales de los países más desarrollados, además de la coronación que significó honrarlo con una Cumbre Mundial.
Los antecedentes del término, sin embargo, datan de décadas anteriores. En 1973, el sociólogo estadounidense Daniel Bell introdujo la noción de la “sociedad de la información” en su libro El advenimiento de la sociedad post-industrial[1], donde formula que el eje principal de ésta será el conocimiento teórico y advierte que los servicios basados en el conocimiento habrán de convertirse en la estructura central de la nueva economía y de una sociedad apuntalada en la información, donde las ideologías resultarán sobrando.
Esta expresión reaparece con fuerza en los años 90, en el contexto del desarrollo de Internet y de las TIC. A partir de 1995, fue incluida en la agenda de las reuniones del G7 (luego G8, donde se juntan los jefes de Estado o gobierno de las naciones más poderosas del planeta). Se ha abordado en foros de la Comunidad Europea y de la OCDE (los treinta países más desarrollados del mundo) y ha sido adoptada por el gobierno de los Estados Unidos, así como por varias agencias de las Naciones Unidas y por el Grupo Banco Mundial. Todo ello con gran eco mediático. A partir de 1998, fue elegida, primero en la Unión Internacional de Telecomunicaciones y luego en la ONU, como el nombre de la Cumbre Mundial a realizarse en 2003 y 2005.
En este contexto, el concepto de “sociedad de la información”, como construcción política e ideológica, se ha desarrollado de la mano de la globalización neoliberal, cuya principal meta ha sido acelerar la instauración de un mercado mundial abierto y “autoregulado”. Esta política ha contado con la estrecha colaboración de organismos multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, para que los países débiles abandonen las regulaciones nacionales o medidas proteccionistas que “desalentarían” la inversión; todo ello con el conocido resultado de la escandalosa profundización de las brechas entre ricos y pobres en el mundo.
En efecto, para fines de siglo, cuando la mayoría de los países desarrollados ya habían adoptado políticas de desarrollo de la infraestructura de las TIC, se produce el auge espectacular del mercado de acciones de la industria de la comunicación. Pero los mercados del Norte comienzan a saturarse. Entonces, se intensifican las presiones hacia los países en desarrollo para que dejen la vía libre a la inversión de las empresas de telecomunicaciones e informática, en busca de nuevos mercados para absorber sus excedentes de ganancias. Es en este contexto que se convoca la CMSI; panorama que se modifica, sin embargo, una vez que estalla la burbuja bursátil a partir del año 2000. No obstante esta realidad y el rol clave que las tecnologías de la comunicación han desempeñado en la aceleración de la globalización económica, su imagen pública está más asociada a los aspectos más “amigables” de la globalización, como Internet, telefonía celular e internacional, TV por satélite, etc. Así, la sociedad de la información ha asumido la función de “embajadora de buena voluntad” de la globalización, cuyos “beneficios” podrían estar al alcance de todos/as, si solamente se pudiera estrechar la “brecha digital”[2].
Sociedad del conocimiento
La noción de “sociedad del conocimiento” (knowledge society) surgió hacia finales de los años 90 y es empleada particularmente en medios académicos, como alternativa de algunos a “sociedad de la información”.
La UNESCO, en particular, ha adoptado el término “sociedad del conocimiento”, o su variante “sociedades del saber”, dentro de sus políticas institucionales. Ha desarrollado una reflexión en torno al tema, que busca incorporar una concepción más integral, no en relación únicamente con la dimensión económica. Por ejemplo, Abdul Waheed Khan (subdirector general de la UNESCO para la Comunicación y la Información), escribe[3]: “La sociedad de la Información es la piedra angular de las sociedades del conocimiento. El concepto de “sociedad de la información”, a mi parecer, está relacionado con la idea de la “innovación tecnológica”, mientras que el concepto de “sociedades del conocimiento” incluye una dimensión de transformación social, cultural, económica, política e institucional, así como una perspectiva más pluralista y desarrolladora. El concepto de “sociedades del conocimiento” es preferible al de la “sociedad de la información” ya que expresa mejor la complejidad y el dinamismo de los cambios que se están dando. (...) el conocimiento en cuestión no sólo es importante para el crecimiento económico sino también para empoderar y desarrollar todos los sectores de la sociedad”.
Un matiz en este debate, que solo concierne a los idiomas latinos, es la distinción entre sociedad del “conocimiento” o del “saber” (ambos traducen el término inglés “knowledge society”). La noción de “saberes” implica certezas más precisas o prácticas, mientras que conocimiento abarca una comprensión más global o analítica. André Gorz considera que los conocimientos se refieren a “contenidos formalizados, objetivados, que no pueden, por definición, pertenecer a las personas... El saber está hecho de experiencias y de prácticas que se volvieron evidencias intuitivas y costumbres”[4]. Para Gorz, la “inteligencia” cubre toda la gama de capacidades que permite combinar saberes con conocimientos. Sugiere, entonces, que “knowledge society” se traduzca por “sociedad de la inteligencia”.
En todo caso, por lo general, en este contexto se utiliza indistintamente sociedad del conocimiento o del saber, si bien en español conocimiento parece ser más usual.
Definiciones actuales: el estado del Arte
Es preciso diferenciar aquí aquellas definiciones que apuntan a caracterizar una realidad existente o emergente de aquellas que expresan una visión -o anhelo- de una sociedad potencial. Las dos son relevantes: las primeras por su aporte al análisis, las segundas porque orientan políticas y acciones.
En la primera categoría nos referiremos a Manuel Castells por ser uno de los investigadores que más ha desarrollado el tema, además de ser una autoridad reconocida en la materia. Castells prefiere el término “sociedad informacional” antes que “sociedad de la información” (haciendo la comparación con la diferencia entre industria e industrial). Él señala que si bien el conocimiento y la información son elementos decisivos en todos los modos de desarrollo, “el término informacional indica el atributo de una forma específica de organización social en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el poder, debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este período histórico” [5].
Más adelante precisa: “Lo que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información/comunicación, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos”. Y acota: “La difusión de la tecnología amplifica infinitamente su poder cuando sus usuarios se la apropian y la redefinen. Las nuevas tecnologías de la información no son sólo herramientas que aplicar, sino procesos que desarrollar. (...) Por primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza productiva directa, no sólo un elemento decisivo del sistema de producción” [6].
En cuanto a la sociedad del conocimiento, en una publicación posterior señala: “se trata de una sociedad en la que las condiciones de generación de conocimiento y procesamiento de información han sido sustancialmente alteradas por una revolución tecnológica centrada en el procesamiento de información, en la generación del conocimiento y en las tecnologías de la información”[7].
Yves Courrier, refiriéndose a Castells, diferencia los dos términos de esta forma: “sociedad de la información” pone el énfasis en el contenido del trabajo (el proceso de captar, procesar y comunicar las informaciones necesarias), y “sociedad del conocimiento” en los agentes económicos, que deben poseer cualificaciones superiores para el ejercicio de su trabajo [8].
Con respecto a las visiones, se destacan los documentos que resultaron de la CMSI, por surgir de un proceso mundial. La Declaración de Principios de Ginebra[9], adoptada por los gobiernos -con significativos aportes de la sociedad civil-, expresa en su primer artículo:
“Nosotros (...) declaramos nuestro deseo y compromiso comunes de construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y respetando plenamente y defendiendo la Declaración Universal de Derechos Humanos.”
Por su parte, la Declaración de la Sociedad Civil[10] extiende su visión sobre varios párrafos, pero lo esencial dice:
“Nos comprometemos a constituir sociedades de la información y la comunicación centradas en la gente, incluyentes y equitativas. Sociedades en las que todas y todos puedan crear, utilizar, compartir y diseminar libremente la información y el conocimiento, así como acceder a éstos, con el fin de que particulares, comunidades y pueblos sean habilitados y habilitadas para mejorar su calidad de vida y llevar a la práctica su pleno potencial”. A continuación, esta Declaración añade los principios de justicia social, política y económica, y de la plena participación y habilitación de los pueblos; destaca los objetivos de desarrollo sostenible, democracia e igualdad de género; y evoca sociedades en donde el desarrollo se enmarque en los derechos humanos fundamentales y esté orientado a lograr una distribución más equitativa de los recursos.
Debates en curso
Una de las metas de la convocatoria de la primera fase de la CMSI era justamente la de desarrollar una visión común de la sociedad de la información. Aunque buena parte de las delegaciones gubernamentales y del sector privado le dieron poca importancia a este aspecto, para muchas organizaciones de la sociedad civil se trataba de un aspecto clave, pues allí tenía lugar la disputa de sentidos, poniéndose en evidencia la confrontación de proyectos de sociedad.
De hecho, todo el proceso ha estado cruzado por -al menos- dos enfoques distintos, que a grandes rasgos se pueden resumir de la siguiente manera :
Para el primer enfoque, hablar de sociedad de la información se refiere a un nuevo paradigma de desarrollo que asigna a la tecnología un rol causal en el ordenamiento social, ubicándola como motor del desarrollo económico.
Para los países en desarrollo, este discurso implica que la transición hacia la sociedad de la información es esencialmente una cuestión de tiempo y de decisión política para crear las “condiciones habilitadoras” adecuadas [12]. Algo parecido sucedería con relación a los sectores sociales afectados por la brecha digital, a los cuales habría que incluir mediante programas de acceso universal.
Al colocar a la tecnología en el centro de este modelo, la industria de telecomunicaciones aparece como la llamada a liderar su desarrollo; mientras que la industria productora de servicios y contenidos digitales asume una influencia inédita[13].
El segundo enfoque, que impugnó a este primero en el proceso de la Cumbre, sostiene que la nueva etapa del desarrollo humano en la cual estamos entrando se caracteriza por el predominio que han alcanzado la información, la comunicación y el conocimiento en la economía y en el conjunto de las actividades humanas. Según este enfoque, la tecnología es el soporte que ha desencadenado una aceleración de este proceso; pero no es un factor neutro, ni su rumbo es inexorable, puesto que el propio desarrollo tecnológico es orientado por juegos de intereses.
Siguiendo esta perspectiva, las políticas para el desarrollo de la sociedad de la información deben centrarse en los seres humanos, deben concebirse en función de sus necesidades y dentro de un marco de derechos humanos y justicia social[14]. Los países en desarrollo y los actores sociales deberían tener un rol clave en la orientación de dicho proceso y de las decisiones.
En otras palabras, para este segundo enfoque, lo fundamental no es “información” sino “sociedad”. Mientras la primera hace referencia a datos, canales de transmisión y espacios de almacenamiento, la segunda habla de seres humanos, de culturas, de formas de organización y comunicación. La información se determina en función de la sociedad y no a la inversa.
Por ello, la Campaña por los Derechos a la Comunicación en la Sociedad de la Información -CRIS- señala en el documento sobre la CMSI “La Pregunta para la Sociedad Civil de cara a la CMSI”[15] señala:
“Si la sociedad civil va a adoptar y rescatar la noción de una sociedad de la información, debe regresar a estas nociones básicas, planteando las preguntas correctas:
- ¿Quién genera y posee la información y el conocimiento? ¿De qué manera está valorizado?
- ¿De qué manera es difundido y distribuido el conocimiento? ¿Quiénes son los guardianes?
- ¿Qué limita y facilita el uso del conocimiento por parte de la gente para lograr sus metas? ¿Quién está mejor y peor posicionado para aprovechar este conocimiento?”
Formulaciones alternativas en debate
Dado el predominio adquirido por el término “sociedad de la información”, las formulaciones alternativas tienden a tomarla como referente para demarcarse. Una primera objeción tiene que ver con la palabra “sociedad” en singular, como si se tratara de una sociedad mundial uniforme. Se propone como alternativa hablar de “sociedades” (en plural) de la información o del conocimiento. Varios documentos de la UNESCO se refieren a “sociedades del conocimiento” (o del saber). Esta idea fue recogida por actores de la sociedad civil que participaron en la Cumbre y que adoptaron el término “sociedades” en sus documentos de consenso.
En cuanto a “información”, el argumento que aportó Antonio Pasquali (2002)[16] tuvo bastante eco en la sociedad civil en la Cumbre: “Informar connota por lo esencial mensajes unidireccionales causativos y ordenadores con tendencia a modificar el comportamiento de un perceptor pasivo; Comunicar, la interrelación de mensajes relacionales, dialogales y socializantes entre interlocutores igualmente habilitados para una libre y simultánea recepción/emisión. Si la Información tiende a disociar y jerarquizar los polos de la relación, la Comunicación tiende a asociarlos; sólo la Comunicación puede dar nacimiento a estructuras sociales” (énfasis del autor).
Y de hecho, los documentos de consenso de la sociedad civil adoptaron la fórmula “sociedades de la información y la comunicación”, para demarcarse de la visión tecnocéntrica presente en el discurso oficial, sin perder la referencia al tema de la Cumbre. Se podría considerar que esta opción fue un gesto importante en el contexto de la CMSI, pero no deja de ser una formulación pesada para el uso corriente.
En cuanto al debate en torno a “sociedad del conocimiento”, quienes lo defienden consideran que evoca justamente una visión más integral y un proceso esencialmente humano. Otros, sin embargo, la objetan por la asociación con el concepto dominante, que reduce el conocimiento a su función económica (la noción, por ejemplo, del “knowledge management” en las empresas, que apunta esencialmente a cómo recabar y sacar provecho de los conocimientos de sus empleados); o que valora solamente el tipo de conocimiento supuestamente objetivo, científico y digitalizable en desmedro de aquellos que no lo son.
Una variante interesante, que surgió en el marco de los debates en torno a la CMSI, si bien tuvo poco eco en el proceso, es la de “sociedad(es) del saber compartido” o “de los saberes compartidos”.
Fue propuesta, entre otros, por Adama Samassékou (en ese entonces presidente del buró de la CMSI), quien dijo de la sociedad de la información: “Es importante comprender qué cubre este concepto: no se trata de una información que se difunde y se comparte sino más bien de una sociedad en la que se quiere comunicar de otra manera y compartir un saber. Se trata, pues, de una sociedad del saber compartido y del conocimiento”[17].
Definiciones alternas
El concepto de “sociedad de la información”, nacido bajo los preceptos de la globalización neoliberal, sobrentiende que en adelante serán las “revoluciones tecnológicas”, las que determinen el rumbo del desarrollo; los conflictos sociales serían cosa del pasado. Por lo mismo, este concepto no es el más adecuado para calificar las nuevas tendencias de las sociedades, ni mucho menos para describir un proyecto contrahegemónico de sociedad.
Nuestro planteamiento es que, más allá de debatir lo apropiado de tal o cual término, lo fundamental es impugnar y deslegitimar cualquier término o definición que refuerce esta concepción tecnocéntrica de la sociedad.
No pretendemos aquí proponer una fórmula alternativa, sino, más bien, presentar algunos criterios para alimentar el debate.
Primero, acogemos la noción de que cualquier referencia a “sociedades” debe hacerse en plural, reconociendo la heterogeneidad y diversidad de las sociedades humanas. Ello implica también reafirmar el interés de que cada sociedad se apropie de las tecnologías para sus prioridades particulares de desarrollo y no que deba adaptarse a ellas para poder ser parte de una supuesta sociedad de la información predefinida.
Segundo, afirmamos que cualquier definición que use el término “sociedad” no puede describir una realidad circunscrita a Internet o a las TIC. Internet puede ser un nuevo escenario de interacción social, pero esta interacción está estrechamente integrada al mundo físico y los dos ámbitos se transforman mutuamente.
Por último, apostamos por un proyecto de sociedad donde la información sea un bien público, no una mercancía, la comunicación un proceso participativo e interactivo, el conocimiento una construcción social compartida, no una propiedad privada, y las tecnologías un soporte para todo ello, sin que se conviertan en un fin en sí.
Notas y referencias
[1] Bell, Daniel. The coming of post-industrial society; a venture in social forecasting. - New York, Basic Books [1973]. - xiii, 507 p. illus. 25 cm. [traducción: Advenimiento de La Sociedad Post-Industrial . - Alianza (January, 1992). - ISBN: 8420621498.] [traducción: Vers la société post industrielle. - Robert Laffont, 1976].
[2] Esta imagen de las TIC como factor desencadenante de democracia y desarrollo -y la visión tecnocéntrica subyacente- fue popularizada en la primera mitad de los 90s, entre otros, por el entonces vicepresidente de EE.UU, Al Gore, a quien se le atribuye haber acuñado los términos “superautopista de la información” (information superhighway) e “Infraestructura Global de la Información” (Global Information Infrastructure).
[3] Towards Knowledge Societies. An Interview with Abdul Waheed Khan, World of Science Vol. 1, No. 4 July-September 2003, UNESCO’s Natural Sciences Sector. http://portal.unesco.org/ci/en/ev.php-URL_ID=11958&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html
[4] Gorz André. - L’immatériel. - Galilée, 2004. - citación p. 13.
[5] Castells, Manuel. - La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura: La sociedad Red, México, Siglo XXI, 1999. citación: p. 47.
[6] idem citación p. 58.
[7] Castells, Manuel. 2002 “La dimensión cultural de Internet”, Universitat Oberta de Catalunya, julio. http://www.uoc.edu/culturaxxi/esp/articles/castells0502/castells0502.html
[8] Courrier, Yves, “Société de l’information et technologies”, http://www.unesco.org/webworld/points_of_views/courrier_1.shtml
[9] CMSI (2003). “Declaración de Principios”, Ginebra, diciembre, http://www.itu.int/wsis/documents/doc_multi.asp?lang=en&id=11611160
[10] CMSI (2003). “Construir sociedades de la información que atiendan a las necesidades humanas”, Declaración de la Sociedad Civil, Ginebra, diciembre. http://alainet.org/active/show_text_en.php3?key=5145
[11] Bajo este concepto, hubo incluso quienes llegaran a sostener que la “sociedad de la información”, estaría circunscrita al ámbito digital: lo que no está digitalizado no sería parte de
[12] Una mirada hacia la historia desmiente esta teoría del desarrollo. Como lo argumenta Yves Courrier (s/f), en los países desarrollados “fue la demanda de fines de los años setenta ocasionada por el desarrollo del sector terciario y el crecimiento palpable de una población con acceso a la educación superior lo que permitió el desarrollo de un mercado de TIC (...) No fue el desarrollo de las TIC lo que permitió pasar de la sociedad industrial a la sociedad de la información. Las tecnologías vinieron después, para facilitar y multiplicar los efectos del paso a la sociedad de la información”, basándose en una infraestructura material y humana sofisticada. “Para muchos países en desarrollo, donde ciertos factores esenciales de esta infraestructura son inexistentes, las tecnologías no pueden tener efectos similares”.
[13] Esta visión “centrada en el mercado- es la que predomina en el Plan de Acción de la Cumbre (CMSI 2003-b), incluso desde el primer párrafo, que expresa que “la visión común y los principios fundamentales de la Declaración de Principios se traducen en líneas de acción concretas para alcanzar los objetivos de desarrollo acordados (...) mediante el fomento del uso de productos, redes, servicios y aplicaciones basados en las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC)”. (Las cursivas son nuestras). En: CMSI (2003 b). “Plan de Acción”, Ginebra, diciembre, http://www.itu.int/wsis/documents/doc_multi.asp?lang=en&id=11611160
[14] Al respecto, en una ponencia en la Conferencia Regional Américas de la Cumbre, señalamos: “Considerar a la sociedad de la información como una dimensión separada de la realidad, que requiere de un marco legal y regulatorio exclusivo, podría incluso ser peligroso. ¿Vamos a definir otra ciudadanía que habite ese otro mundo? ¿Cuáles serán los parámetros democráticos que rijan el debate, la definición, el control y la vigilancia de este marco legal? Si bien puede ser cierto que las particularidades del ciberespacio hacen necesarios otros mecanismos de implementación de las leyes y reglamentos, cuestionamos la conveniencia de dotarle de un marco legal propio”. En: Burch, Sally. “CRIS en la Conferencia Ministerial Regional preparatoria sobre la Sociedad de la Información”, Enero 2003. http://alainet.org/docs/3047.html
[15] Campaña CRIS (2003). “La Pregunta para la Sociedad Civil”, Documento temático No. 1, http://movimientos.org/foro_comunicacion/show_text.php3?key=2220
[16] Pasquali, Antonio (2002) “Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información: Dos precauciones a tomar”, junio. http://www.movimientos.org/foro_comunicacion/show_text.php3?key=1012 Esta ponencia fue presentada en el “Encuentro Latinoamericano: ¿Y por qué no una sociedad de la comunicación”, preparatorio de la Cumbre, Quito, junio 2002. http://movimientos.org/foro_comunicacion/ponencia.phtml. Fue presentada por ALAI en el primer Comité Preparatorio de la Cumbre de julio 2002.
[17] Citado en el resumen del evento: “Cooperación, diversidad y paz”, II Coloquio de los Tres Espacios Lingüísticos, México, 2-4 de abril de 2003. http://www.3el.refer.org/rubriqueES.php3?id_rubrique=18
Lecturas complementarias
Burch, Sally et al, 2004. “Se cayó el sistema”: Enredos de la Sociedad de la Información, ALAI, Quito.
Mattelart, Armand (2001) Histoire de la societé de l’information, Editions La Découverte.
Mattelart, Armand (2002) “La Communication à l’assaut de la culture, L’empire des médias”, Manière de Voir, No. 63, Paris, Le Monde Diplomatique, mai-juin.
Picardo, Óscar “El escenario actual de las ciencias sociales: la sociedad del conocimiento”, Universitat Oberta de Catalunya, Biblioteca virtual http://www.uoc.edu/dt/20318/index.html
Siggaard Jensen, Hans “History of the concept of knowledge”, http://www.kursus.kvl.dk/shares/soar/200_summerschools/history%20of%20concept-uk.pdf
Unesco, “Building knowledge societies: some preliminary points of reflexion”, http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001256/125647e.pdf
Unesco, L’UNESCO promeut les ‘sociétés du savoir’ pour maximiser l’impact des technologies de la communication,03-10-2003 http://portal.unesco.org/ci/fr/ev.php-URL_ID=13170&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html
Valenduc, Gerard (2002) Nouvelles technologies, nouvelle economie et cycles longs, Mondialisation: Comprendre pour Agir, Bruxelles, Belgique, Coédition GRIP- Complexe.
Ziegler, Jean (2002) Les Nouveaux Maîtres du Monde et ceux qui leur résistent, París, Fayard.
El aula virtual: usos y elementos que la componen.
Norma Scagnoli, MEd
scagnoli@staff.uiuc.edu
Introducción:
Los educadores, siempre en busca de métodos y herramientas que permitan llegar a los
educandos con efectividad y eficiencia, hemos encontrado en Internet la forma acercar al aula
novedades, sistemas y elementos que permiten acceder al conocimiento sin implicar trasladarse o
Internet a través de páginas web acerca al aula recursos que antes no eran ni soñados, a un costo
sumamente accesible. Esta herramienta nos ofrece interactividad, comunicación, dinamismo en la
presentación de contenidos, uso de multimedia, texto y elementos que permiten atender a los
usuarios con distintos estilos de aprendizaje, todo en un mismo sitio: la computadora con
Esta fuente de inagotables servicios ha sido abrazada por algunos educadores como un recurso
No todos sin embargo se han sumado a esta revolución, aun están aquellos que dudan y que no
Asi surgieron espacios y sitios en Internet pensados para la enseñanza y con la idea de hacer un
El aula virtual
El aula virtual es el medio en la WWW el cual los educadores y educandos se encuentran para
El aula virtual no debe ser solo un mecanismo para la distribución de la información, sino que debe ser un sistema adonde las actividades involucradas en el proceso de aprendizaje puedan
Las aulas virtuales hoy toman distintas formas y medidas, y hasta son llamadas con distintos
Usos del aula virtual:
El aula virtual como complemento de clase presencial:
Este uso de aula virtual como complemento de clase ha sido también el punto de inicio de clases
El aula virtual para la educación a distancia:
Elementos esenciales que componen el aula virtual
Los elementos que componen un aula virtual surgen de una adaptación del aula tradicional a la
reemplazaran factores como la comunicación cara a cara, por otros elementos.
Básicamente el aula virtual debe contener las herramientas que permitan:
1. Distribución de la información, es decir al educador presentar y al educando recibir los
2. Intercambio de ideas y experiencias.
3. Aplicación y experimentación de lo aprendido, transferencia de los conocimientos e
4. Evaluación de los conocimientos
5. “safe heaven”, Seguridad y confiabilidad en el sistema.
1. Distribución de la Información:
Los contenidos de una clase que se distribuye por la WWW deben ser especialmente diseñados
Los materiales para la clase que de por si son extensos deberán ser puestos al alcance del alumno
2-Intercambio de ideas y experiencias.
Recibir los contenidos por medio de Internet es solo parte del proceso, también debe existir un
mecanismo que permita la interacción y el intercambio, la comunicación. Es necesario que el
aula virtual tenga previsto un mecanismo de comunicación entre el alumno y el instructor, o entre
los alumnos entre si para garantizar esta interacción. Especialmente en la educación a distancia
adonde el riesgo de deserción es muy alto y una de las maneras de evitarlo es haciendo que los
alumnos se sientan involucrados en la clase que están tomando, y acompañados por pares o por el
instructor. El monitoreo de la presencia del alumno en la clase, es importante para poder conocer
si el alumno visita regularmente las páginas, si participa o cuando el instructor detecta lentitud o
ve señales que pueden poner en peligro la continuidad del alumno en el curso.
La interacción se da más fácilmente en cursos que se componen por alumnos que empiezan y
terminan al mismo tiempo, “cohortes” , por que se pueden diseñar actividades que alientan a la
participación y comunicación de los pares. En el caso de cursos que tienen inscripciones abierta e
La comunicación en el aula virtual se realiza de distintas maneras. Una de ellos es el correo
En los casos en clases a distancia para grupos que toman la clase al mismo tiempo, o cuando el
acceder como una más de sus opciones. Los mensajes que forman parte del foro de discusión son
Algunos cursos a distancia usan también el chateo o comunicación sincrónica para la discusión
Disponibilidad del profesor para las comunicaciones:
3.Aplicación y experimentación de lo aprendido: La teoría de una clase no es suficiente para decir que el tema ha sido aprendido. Aprendizaje
4. Evaluación de los conocimientos:
5. Seguridad y confiabilidad en el sistema:
Para que la clase se lleva a cabo en el aula virtual bajo condiciones ideales, el profesor debe
El aula virtual desde el punto de vista del profesor:
1. Acceso al aula virtual
2. Actualización y monitoreo del sitio
3. Archivo de materiales
4. Tiempo en el que los materiales estaran en línea para el acceso.
1. Acceso al aula virtual.
El curso puede ser de acceso limitado o abierto. Cuando es de acceso limitado solo a aquellos
También se debe considerar que tipo de acceso va a tener el instructor, y si este acceso le dará
Los sistemas de aulas virtuales que se ofrecen en el mercado llaman acceso administrativo al que
En los sistemas más sofisticados el administrador puede otorgar un tipo de acceso a los
En los casos de clases abiertas, el acceso no es restringido y el sistema de ejercitaciones y
En todos los casos es importante que el personal técnico que administra el aula virtual conozca
2. Actualización y monitoreo del sitio
Los instructores deberán decidir también con que frecuencia y quien estará a cargo de la
Esto lleva tiempo y debe ser planeado de antemano, para evitar que el aula virtual se desactualize
Si el aula virtual es dinámica la actualización de páginas tiene que ser posible a través del mismo
No solo hay que considerar una actualización en el contenido, sino también la actualización en el
3. Archivo de materiales
El instructor debe mantener copias del material presentado en el aula virtual para seguridad.
Algunos sistemas de aulas virtuales ofrecen el archivo diario de materiales, para que el instructor
4. Tiempo en el que los materiales estarán en línea para el acceso.
Algunos cursos son ofrecidos periódicamente pero los materiales están disponibles para los
Referencias:
Ejemplos que se usaron para escribir esta ponencia:
I. Aulas virtuales que acompañan clases presenciales: EdPsy387,
[http://cter.ed.uiuc.edu/courses/edpsy387/fa00/index.html]
II. Aulas virtuales para educacion a distancia diseñadas por los docentes o departamentos:
Masters de Educacion Online: CTER y HREOnline - [http://www.ed.uiuc.edu/ed-online/]
III. Aulas virtuales en el mercado y usadas en clases presenciales o a distancia:
⇒ CourseInfo, de Blackboard, Inc [http://www.blackboard.com] usado en CTER y en Guided
Individual Study, [http://www.outreach.uiuc.edu/gis/]
⇒ WebCt [http://www.webct.com]
⇒ e@cademy [http://www.tecnosolution.com/eacademy/]
IV. Foros de Discusión y Espacios de Chateo:
⇒ WebBoard [http://www.webboard.com]
⇒ CourseInfo [http://www.blackboard.com]
V. Experiencias, aplicaciones y simulaciones
⇒ Plant, Pathogens and People, [http://www.outreach.uiuc.edu/PPP]
⇒ Ejemplos y quizzes: e@cademy [http://www.tecnosolution.com/eacademy/]
⇒ WebCt [http://www.webct.com]
⇒ IFSI, Illinois Fire Service Institute [http://nautilus.outreach.uiuc.edu/firesafety/]
Bibliografía:
Heinich et al (1998) Intructional Media and technologies for learning Merril Prentice Hall,
Columbus, OH
Horton, W. (2000) Designing web based training Wiley Computer Publisher, New York, NY
McCormack, C. & Jones, D. (1998) Building a web-based education system, Wiley Computer
Publisher, New York, NY
Morrison et al (1999) Integrating computer technology into the classroom Merril Prentice Hall,
Columbus OH
Nielsen, J. (2000) Designing web usability New Riders Publishing, Indianapolis, IN
Poole, B (1998) Education for an information age: teaching in the computerized classroom
McGraw Hill, Boston, MA
Porter, L (1997) Creating the virtual classroom: distance learning with the Internet Wiley
Computer Publisher, New York, NY